A dos días de su histórico halftime show en el Super Bowl LX, empiezan a revelarse detalles que pasaron desapercibidos para millones de televidentes. Más allá de la música y la energía, cada elemento del set desde los campos de caña hasta la “casita” central estuvo lleno de simbolismos sobre identidad, memoria y comunidad puertorriqueña, con referencias a la vida cotidiana en la isla que no muchos notaron en la transmisión principal.
Entre los momentos más inesperados estuvo la inclusión de una boda real durante el espectáculo, no una escena actuada, sino una pareja que se casó en vivo frente a miles de personas, un gesto íntimo transformado en símbolo de amor y unión. También hubo pequeñas sorpresas visuales como bailarines escondidos entre “plantas” para recrear los campos de caña y guiños personales en la vestimenta de Bad Bunny, que llevaba el número 64 en honor a su familia.
Y por si fuera poco, el final de la presentación inscribió un mensaje potente: cuando Bad Bunny dijo “God Bless America”, no solo se refería a Estados Unidos, sino a todo el continente, acompañado de banderas de más de 20 países, reforzando que su visión del llamado “sueño americano” es inclusiva y multicultura